domingo, 17 de julio de 2016

Adiós Mariano, adiós



El pasado 26 de junio el 67% de los españoles no apoyó ni al Partido Popular ni a Rajoy. El PP puede darle las vueltas que quiera, alardear de su subida en votos y diputados… pero 7 de cada 10 españoles, que son muchos, dijeron que no querían que Rajoy siguiera siendo presidente.

Y, si de verdad el PP es un partido constitucionalista, ese es el mandato que tiene que asumir. Según la Constitución, no basta con ser el partido más votado. Según la Constitución, el que quiera ser presidente debe recabar el apoyo de la mayoría de los diputados. Y resulta que los 137 diputados del PP son pocos por su palmaria incapacidad para engendrar acuerdos: por su intolerante actitud desde el gobierno de la mayoría absoluta, por la corrupción que desborda las ventanas de las sedes populares, casi nadie quiere ser compañero de viaje de Rajoy.

Mariano Rajoy es el primer presidente en la historia del periodo democrático actual que es incapaz de gobernar en minoría. Todos sus predecesores, todos, t-o-d-o-s, han sido capaces de concitar consensos que les ayudaran a dirigir el país sin el respaldo de una mayoría absoluta: así lo hicieron Suárez y Calvo Sotelo, Felipe González en su último gobierno y Aznar en su primero, y así lo hizo también Zapatero. Rajoy, que se ha presentado ya a cinco elecciones y que solo ha sabido convertirse en presidente la única vez que ganó con mayoría absoluta, no sabe o no puede salir del callejón en el que su forma de hacer política le ha metido a él y al PP.

Pues ahora, con sus 137 diputados, que asuman las consecuencias de que la mayoría de los españoles y casi ningún partido del Parlamento les quiere: si se presenta a la investidura, algo que no está todavía claro, debe ser derrotado en las dos votaciones. Rajoy debe ser derrotado para que podamos quitarnos de encima el peso mortal de sus políticas. Para ello el PSOE debe votar en contra de Rajoy, por mucho que el grupo PRISA y Felipe González pidan su abstención e intenten reinterpretar los deseos de los votantes socialistas.

Y si no, ¿qué? Nadie quiere terceras elecciones… excepto Rajoy, que, visto que el suelo electoral del PP es inmune al hedor de la corrupción, espera así incrementar el número de parlamentarios por agotamiento de los contrarios. Parece que solo hay dos alternativas: la primera, un gobierno del PSOE con el apoyo de Unidos Podemos y de diferentes fuerzas nacionalistas; la segunda, que el PSOE intente reeditar un acuerdo al que atraiga a Ciudadanos y a Unidos Podemos. La primera parece inviable porque el PSOE nunca aceptará la exigencia de ningún referéndum de independencia… la segunda parece difícil y ya fracasó hace unos meses. ¿Hay una tercera? Bueno, Ciudadanos ha dicho que ejercería una “abstención técnica” incondicional que facilitara la investidura de Rajoy, simplemente para desbloquear la situación. Pero si Ciudadanos, de la misma forma y con el mismo criterio, ejerciera una “abstención técnica” incondicional en un acuerdo PSOE-Unidos Podemos, sin los nacionalistas, entonces quizá podría haber gobierno.

Nosotros tampoco sabemos qué pasará, pero sí sabemos dos cosas: que 67 de cada 100 ciudadanos y ciudadanas de este país quieren que el amigo de Bárcenas deje La Moncloa, y también que el amigo de Bárcenas es incapaz de lograr lo que la Constitución le pide. La responsabilidad real de los demás partidos con el país lo que exige, primero, es que impidan que Rajoy vuelva a ser presidente, y después que alcancen una fórmula, si no la óptima, la menos mala, que abra una etapa que nos libre de las políticas del PP. ¿Sabrán hacerlo?




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